JUAN MARÍA SEGURA

La fuerza de un propósito

Por Juan María Segura


En escritos anteriores se hizo referencia a la importancia de la claridad en el mensaje. Cualquier emprendimiento humano que no sea capaz de definir con precisión por qué nace, cómo entiende su coyuntura y qué se propone, siempre encontrará trabajoso convocar y sostener a una comunidad implicada y entusiasmada. Podrá lograr algunas transacciones, alumnos o ventas, dependiendo del caso. Pero vivirá sin alma, sin un tejido interno que una a todos sus protagonistas a través de lazos invisibles, sin ese why (por qué) al que hace referencia Simon Sinek en su círculo dorado.

Tuve la oportunidad de participar en el nacimiento de proyectos e instituciones educativas, y siempre participé con celo y rigor de la tarea de definir sus propósitos. Entiendo que nacer sin propósito ofrece a las instituciones un rumbo errante e innecesariamente tedioso, de la misma manera que entiendo que lo contrario orienta en una dirección clara, utiliza mejor los recursos y el talento humano, e invita a una aventura estimulante. Veamos un ejemplo.

Desde hace unos años estoy involucrado en la creación de un ecosistema. Se trata de un espacio físico y conceptual de prototipado colectivo, alimentado por la participación de universidades, empresas de base tecnológica, laboratorios de fabricación digital, emprendedores y centros de investigación. Un espacio diseñado para dar nacimiento a las ideas, emprendimientos y carreras del futuro. Este ecosistema, llamado Área Beta, posee un manifiesto identitario que actúa como su manifiesto liminar, como su grito de guerra. Posee una estructura fácil de seguir y de comprender. Comienza con una declaración, luego describe de dónde se viene, dónde se está y hacía qué futuro se avanza, y finalmente extiende una invitación a ser parte. Veamos a continuación el texto completo:

DECLARACIÓN: ‘Parados en el vértice de la historia, mirando sobre nuestros hombros, contemplamos un mundo que se extingue, no sin antes resistir. Instituciones, funcionarios y profesionales preparados para un entorno de chimeneas, estructuras piramidales, editores y cintas de transporte, blanden sus sables con fiereza contra organizaciones en red, tecnologías ubicuas, memes y lenguajes cifrados con emojis, mientras ven emerger generaciones de jóvenes sin dogmas pero con ideologías, sin dioses pero con espiritualidad. Se puede escuchar el sonido del metal de las espadas, de una batalla que tiene final asegurado. La historia, a la larga, impone las condiciones de la época, por más celo con que se defiendan los legados.’

PASADO: ‘Mirando sobre nuestros hombros, reconocemos un pasado con incontables logros, creaciones y acuerdos que han permitido a la humanidad un progreso que resulta inobjetable. En los últimos 200 años, la vida en extrema pobreza en el mundo bajó del 94% al 10%, la cobertura universal de educación básica pasó del 17% al 86%, el analfabetismo se redujo del 88% al 15%, nacieron los programas masivos de vacunación, alcanzando al 86% de la población mundial, la mortalidad infantil antes de los 5 años de edad cayó del 43% al 4%, y las personas viviendo en democracias aumentaron del 1% al 56%. Los progresos, que nunca son rectilíneos y mucho menos uniformes, son inobjetables, en un mundo que en el mismo período multiplicó por ocho su tamaño poblacional.’

‘Sin embargo, ese mismo pasado lleno de logros y datos estimulantes, nos muestra instituciones que ya no interactúan con naturalidad con los problemas de la época. Instituciones excesivamente rígidas y sobre reguladas, conservadoras y nostálgicas de sus pasados, perezosas y con sobrepeso, sin entusiasmo por mantenerse útiles y relevantes para el ser humano. Instituciones que progresivamente abandonaron su mandato fundante, conformándose con hacer copias de sí mismas, sin prestar atención a los avatares de la época, a los nuevos llamados y exigencias, sin ponerse al servicio de los nuevos problemas y oportunidades. Esas instituciones necesitan reinventarse, y sus diálogos revitalizarse.’

PRESENTE: ‘El presente, por su parte, se nos presenta plagado de recursos novedosos en cantidades casi infinitas. Nunca antes tuvimos tantos ingredientes para mezclar en busca de los sabores que mejor alimenten la mente, el corazón y el espíritu de toda la humanidad. Abundan los recursos tecnológicos, claro, pero también los recursos científicos, artísticos, educativos, lingüísticos, lúdicos, literarios y espirituales alojados en la nube, listos para encender revoluciones individuales o comunitarias en quienes los aprovechan. Un territorio estimulantemente fértil, novedosamente accesible, masivamente disponible. Un territorio virgen de instituciones, habitado por analfabetos digitales en busca de nuevos diseños, de nuevos diálogos.’

‘Este presente nos invita a experimentar colectivamente, a iterar sin límites, a aprender de cada nuevo ciclo, a ser arquitectos, ingenieros y operadores a la vez, sin temor a equivocarnos, y sin miedo a romper. Un presente que nos llama a ser protagonistas y que nos permite apropiarnos del arsenal de recursos que la época ofrece y la nube aloja, empoderándonos como nunca antes. Un presente que nos ubica a todos en primera fila, que nos conecta a todos con todos en todo momento, para revolucionarlo todo, sin excepciones. Un presente que nos abruma y excita a la vez, y que nos moviliza a hacer, a cambiar, a buscar nuevas sociedades y acuerdos para volver a colonizar. Somos colonos, desembarcando en un nuevo mundo.’

FUTURO: ‘Sabemos que el futuro no será la continuidad de lo que conocemos, solo que un poco más engorroso o sofisticado. Todo lo contrario. Vivimos el tiempo de la discontinuidad, del desacople, de la exponencialidad que se alimenta más del presente y de sí misma, que de los legados del pasado. Vivimos una masiva disrupción creativa que quiebra nuestro vínculo con la historia, y que nos lanza hacia un futuro de contornos borrosos, de figuras difusas y de actores peculiares. Volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad son las materias introductorias básicas para ingresar a ese futuro provocador y a medio diseñar. Debemos aprender a soltar y desaprender, si lo que deseamos es avanzar.’

‘Así como el pasado nos enseña y el presente nos estimula, el futuro nos convoca. Nuevamente debemos batallar contra los ‘dinosaurios’ de los tiempos anteriores, cooperando y creando juntos para imponer nuestras nuevas creencias, para darle nacimiento a nuestros nuevos diseños, resolviendo nuevos problemas e inventando nuevas herramientas y soluciones. Debemos hacer del futuro la aventura colectiva más atractiva y movilizante, e ir juntos y alegres a su encuentro. Para ello, debemos atravesar las barreras de los dogmas que nos formaron, las fronteras de nuestras mentes y las murallas de nuestros propios prejuicios, y aventurarnos confiados y con optimismo. Es la travesía la que nos realizará como colectivo.’

INVITACIÓN: ‘Creemos profundamente en la capacidad colectiva del ser humano para acometer epopeyas, aun aquellas que parecen inalcanzables, aun aquellas que otros no han logrado antes. Creemos que el diálogo con propósito modela la identidad de una comunidad, de nuestra comunidad, nutriendo y rejuveneciendo lazos y alianzas. Creemos que el debate, alimentado de evidencias y argumentado sin prejuicios, es el sustrato fundacional de los nuevos acuerdos e instituciones. Creemos en el poder transformador de las comunidades de aprendizaje y experimentación enfocadas y decididas. Creemos que el planeta es nuestro hogar, y que tenemos el deber moral de cuidarlo y preservarlo para las generaciones siguientes.’ 

‘Deseamos que nuestra comunidad se alimente del espíritu aventurero de los jóvenes, del ímpetu emprendedor de los transformadores, del coraje de los que se animan a cambiar sobre la marcha, de la frescura de los aprendices de cualquier edad, de la humildad de los que no saben, de la resiliencia de todos. Deseamos que nuestra comunidad se mueva al ritmo del sonido creativo de sus integrantes, en una melodía en constante evolución coproducida por todos, que llama y convoca. Deseamos ser y hacer, existir y trascender, haciéndolo juntos, necesitados el uno del otro. Deseamos alimentar una pulsión interna viva y palpitante de relaciones que nos destaque como ecosistema.’

‘Parados en el vértice de la época, nacemos para colonizar de nuevas instituciones y prácticas ese futuro que nos desafía y convoca. En la era de la discontinuidad, nos constituimos para dar origen, para ser origen, para iluminar prácticas, para crear reglas. Nacemos como una comunidad vistosa de diálogos ruidosos y de impactos trascendentes. Nacemos para provocar prototipando, para aprender iterando, para innovar atravesando fronteras. Formar parte de nuestra comunidad supone la adhesión a este ideario.’

¿Acaso a alguien le quedarán dudas respecto de la naturaleza de esta invitación, del propósito de este nacimiento? Un proyecto diseñado para crear nuevas reglas de juego, acometiendo la epopeya de realizarlo en clave ecosistema, en donde el caos creativo hará todo el ruido que sea necesario. Una invitación a despeinar y ser despeinado, viviendo todo con entusiasmo y naturalidad.

Volvamos entones al principio. Por supuesto que un mensaje claro y congruente es necesario, y desplegarlo en modo ‘grito de guerra’ es mejor aún, ya que produce agitación y conecta con emociones, y eso siempre es deseado desde el punto de vista del storytelling. Sin embargo, no es suficiente. Además del mensaje, hay que hacer miles de cosas en un proyecto u organización para convertirlos en esa historia viva que amamos, que nos emociona e inspira, que deseamos ayudar a que siempre tenga vitalidad y vigencia. Entonces, aquí está el secreto: hacer esas otras miles de cosas que nos convierten en eso que anhelamos solo es posible si antes fuimos capaces justamente de anhelarlo con nitidez. Anhelar es establecer un propósito y, como en la vida misma, los propósitos definidos con claridad son las invitaciones a la acción más estimulantes de las que podamos valernos.